Armagh estuvo a punto de convertirse en la Ciudad del Vaticano. En 1948 el embajador irlandés en el Vaticano informó que el Papa Pío XII se encontraba en un estado de “profundo pesimismo” acerca de la posibilidad de que un gobierno comunista subiera al poder en Italia, y que estaba considerando seriamente la posibilidad de trasladar la santa sede a Irlanda. El Papa dijo: “Irlanda es el único país donde podría ir, sólo allí encontraría el ambiente y la sensación de seguridad de que estoy gobernando la Iglesia tal y como Cristo quiere que lo haga”. En cualquier caso, la Italia conservadora dio la espalda a los comunistas y los demócratas cristianos llegaron al poder, así que el Vaticano se quedó donde estaba.